Un depredador no razona, no negocia, no tiene obligaciones: simplemente devora. El informe anual de Amnistía Internacional acuña este nuevo término para definir el que considera como un nuevo orden internacional “depredador” protagonizado por líderes como Trump, Putin y Netanyahu.
El nuevo informe anual de Amnistía Internacional apunta a un nuevo orden mundial plagado de actores que actúan bajo sus propios intereses, negando las leyes acuñadas tras las cenizas del Holocausto
Un depredador no razona, no negocia, no tiene obligaciones: simplemente devora. El informe anual de Amnistía Internacional acuña este nuevo término para definir el que considera como un nuevo orden internacional “depredador” protagonizado por líderes como Trump, Putin y Netanyahu.
El informe sitúa a ciertos estados como agentes de un sistema consciente y organizado, no como actores que simplemente “fallan” o “cometen errores”. Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, propone un nuevo sistema alternativo en construcción en el que el objetivo de los actores descritos no es simplemente ganar poder en el orden existente, sino sustituirlo por uno nuevo sin derechos humanos universales ni multilateralismo, basado en la fuerza y la hegemonía.
Lejos queda el orden internacional que surgió de las cenizas del Holocausto. El informe denuncia que, en el territorio palestino ocupado después de tres años de guerra, la impunidad es absoluta: Israel ha roto treguas de manera unilateral y bloquea la entrada de investigadores internacionales, mientras que los grupos armados palestinos e Israel eluden cualquier rendición de cuentas por ataques a civiles e infraestructuras críticas.
Rusia deja a Ucrania sin electricidad en invierno
En Ucrania, la depredación rusa se manifiesta en ataques deliberados contra la red eléctrica que dejan a la población civil con cortes de hasta 21 horas diarias en pleno invierno. Amnistía documenta una crueldad sistemática con más de 322 ejecuciones de prisioneros de guerra ucranianos y un aumento del 200% en la mortalidad infantil por ataques rusos entre marzo y mayo de 2025.
Bajo la presidencia de Trump, el informe señala una erosión sistemática de las instituciones independientes en Estados Unidos. La “maquinaria depredadora” se traduce internamente en la aprobación de 74 leyes anti-LGBT, una crisis de derechos reproductivos donde las mujeres en estados con prohibición total del aborto tienen el doble de probabilidades de morir durante el embarazo, y el desempeño del cuerpo policial ICE en ciudades con mayoría de población racializada con restricciones migratorias que afectan de manera desproporcionada.
El orden depredador no solo destruye, sino que vigila. En Irán, el uso de reconocimiento facial e IMSI-Catchers sirve para imponer el velo obligatorio y aplastar la disidencia, mientras se utiliza el conflicto con Israel como pretexto para realizar detenciones masivas. Por su parte, China consolida su control mediante la censura de contenidos “pesimistas” y la persecución penal de cualquier activismo feminista o LGTBI en línea.
Los depredadores anteponen sus intereses a la paz
“Los estados están jugando con un fuego que ahora amenaza con quemarnos a todos y carbonizar el futuro de las naciones venideras”, explica Callamard. El informe defiende que los depredadores buscan sustituir los mecanismos de paz por alternativas de interés propio. Este orden silencia la disidencia, suprime las protestas y utiliza la ley como arma, como ocurre en Rusia, donde el simple uso de una VPN o la búsqueda de “materiales extremistas” es ya un delito.
Incluso en América Latina, el informe destaca el caso de Venezuela, que en 2025 votó su salida de la Corte Penal Internacional para blindar la impunidad de un gobierno que utiliza la tortura, incluso contra mujeres embarazadas, como herramienta de represión política.
El informe defiende que nos encontramos ante un momento crítico que amenaza con destruir los cimientos construidos en los últimos 80 años, lo cual exige una resistencia que combine la defensa de nuestras prioridades fundamentales con una necesaria transformación. El desafío actual nos obliga a emplear la imaginación y la audacia creativa para forjar una visión renovada de los derechos humanos. “Resistimos, tenemos que resistir. Y resistiremos”, sentencia Callamard.
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