La propuesta de Maldita Barra es original porque combina tres usos en un solo espacio en el centro de Barcelona, en la calle Rosselló,242, junto al Paseo de Gràcia. Su oferta tiene cara A y B, como si fuera un vinilo (por cierto, el ambiente musical es de calidad alta fidelidad), de manera que el establecimiento muta de parroquia conforme transcurren las horas , al disponer de oferta durante todo el día, tanto de cafetería como de restaurante y bar de vinos donde, de repente, el visitante puede encontrarse actos de moda, arte o directamente musicales.La estructura dual permite al restaurante transitar de forma orgánica desde la mañana con los desayunos, aperitivos y comidas, hasta la noche, ajustando la atmósfera y el producto al momento del día sin perder la esencia de establecimiento ininterrumpido. De este modo, la cara A (de 9:30h a 18:30h) se enfoca en desayunos y brunch e incluso la alta gastronomía urbana. En esa franja horaria destacan opciones como los croissants planchados con ibérico y brie o tostadas más completas y equilibradas, donde el juego de texturas es el protagonista. Las comidas y cenas son la cara B de Maldita Barra, porque entra en escena la intensidad del público y el fuego en cocina. La brasa gana ahora un peso fundamental con platos como el pulpo con patata mortero, los vegetales braseados o la tagliata de ternera a la brasa, reforzando una cocina de producto desnudo pero ejecutado con precisión. La berenjena braseada con cremoso de tahini , una pasta cremosa de semillas de sésamo tostadas y molidas, fundamental en la cocina de Oriente Medio, acompañada de menta y almendras es un plato exquisito.Con una copa de La Vinyeta, DO Empordà, un proyecto interesante que también elaboran miel y quesos, además de este blanco muy fresco que tiene el valor añadido de aportar una parte de su precio a salvar monos; se puede disfrutar de un aperitivo o comenzar una comida o cena con unas gildas matrimonio y una anchoa sobre tostada fina con mantequilla ahumada. La propuesta culinaria es versátil y consta de 28 platos inspirados en la cocina de Oriente Medio y desarrollada junto a chefs como Jordi Limón (MAM del Bó).Maldita Barra ha optado por reducir el número de referencias en su carta para centrarse en la excelencia de cada oferta. Se trata de una renuncia consciente con la que ganan en coherencia y fluidez, tanto en cocina como en sala. Una simplificación que también busca la comodidad del comensal: los platos se presentan como propuestas completas, evitando la necesidad de añadidos externos y facilitando una decisión de mesa más ágil y satisfactoria. Y es que el ingrediente reina por encima de la etiqueta, gracias a que su propietaria, Ana de Espona, de solo 24 años, ha refinado su red de proveedores en busca de la excepcionalidad, como el jamón de bellota cortado exclusivamente a cuchillo o una selección de quesos de autor que rotan según la temporada. La propuesta también se somete de forma radical a la temporalidad de la naturaleza, con platos como la vichyssoise (puerro con patata) reinterpretada con pera y brioix y pedacitos de almendras crocante que aportan el necesario crunch.El proyecto, fundado en 2024 por la jovencísima emprendedora Ana de Espona, apuesta por unir en un mismo espacio gastronomía, arte, moda y comunidad. Es un lugar que mezcla lo cotidiano y lo inesperado ; una apuesta por ofrecer un espacio acogedor y compartidos. El establecimiento dispone de una sala privada para reuniones, actos o comidas de grupo.De Espona ha perseguido que el ambiente respire arte y cultura local. Las paredes están presididas por grandes obras que no pasan desapercibidas, como dos piezas en azul Klein de Marta Carreté, un cuadro de Sonia Rosiñol con la frase «Art will save us» y una obra de Sandra Modrego que representa a cinco mujeres emprendedoras de la generación de Ana, incluyéndola a ella misma. La intención es seguir ampliando esta faceta con exposiciones de artistas emergentes y eventos donde arte y gastronomía se mezclen : cenas privadas, presentaciones de libros, conciertos íntimos, pop-ups o incluso clases de yoga. El servicio es amable y rápido y contribuye a la fidelización de la clientela, para quien Maldita Barra es una bendición en el «infernal» centro barcelonés. La propuesta de Maldita Barra es original porque combina tres usos en un solo espacio en el centro de Barcelona, en la calle Rosselló,242, junto al Paseo de Gràcia. Su oferta tiene cara A y B, como si fuera un vinilo (por cierto, el ambiente musical es de calidad alta fidelidad), de manera que el establecimiento muta de parroquia conforme transcurren las horas , al disponer de oferta durante todo el día, tanto de cafetería como de restaurante y bar de vinos donde, de repente, el visitante puede encontrarse actos de moda, arte o directamente musicales.La estructura dual permite al restaurante transitar de forma orgánica desde la mañana con los desayunos, aperitivos y comidas, hasta la noche, ajustando la atmósfera y el producto al momento del día sin perder la esencia de establecimiento ininterrumpido. De este modo, la cara A (de 9:30h a 18:30h) se enfoca en desayunos y brunch e incluso la alta gastronomía urbana. En esa franja horaria destacan opciones como los croissants planchados con ibérico y brie o tostadas más completas y equilibradas, donde el juego de texturas es el protagonista. Las comidas y cenas son la cara B de Maldita Barra, porque entra en escena la intensidad del público y el fuego en cocina. La brasa gana ahora un peso fundamental con platos como el pulpo con patata mortero, los vegetales braseados o la tagliata de ternera a la brasa, reforzando una cocina de producto desnudo pero ejecutado con precisión. La berenjena braseada con cremoso de tahini , una pasta cremosa de semillas de sésamo tostadas y molidas, fundamental en la cocina de Oriente Medio, acompañada de menta y almendras es un plato exquisito.Con una copa de La Vinyeta, DO Empordà, un proyecto interesante que también elaboran miel y quesos, además de este blanco muy fresco que tiene el valor añadido de aportar una parte de su precio a salvar monos; se puede disfrutar de un aperitivo o comenzar una comida o cena con unas gildas matrimonio y una anchoa sobre tostada fina con mantequilla ahumada. La propuesta culinaria es versátil y consta de 28 platos inspirados en la cocina de Oriente Medio y desarrollada junto a chefs como Jordi Limón (MAM del Bó).Maldita Barra ha optado por reducir el número de referencias en su carta para centrarse en la excelencia de cada oferta. Se trata de una renuncia consciente con la que ganan en coherencia y fluidez, tanto en cocina como en sala. Una simplificación que también busca la comodidad del comensal: los platos se presentan como propuestas completas, evitando la necesidad de añadidos externos y facilitando una decisión de mesa más ágil y satisfactoria. Y es que el ingrediente reina por encima de la etiqueta, gracias a que su propietaria, Ana de Espona, de solo 24 años, ha refinado su red de proveedores en busca de la excepcionalidad, como el jamón de bellota cortado exclusivamente a cuchillo o una selección de quesos de autor que rotan según la temporada. La propuesta también se somete de forma radical a la temporalidad de la naturaleza, con platos como la vichyssoise (puerro con patata) reinterpretada con pera y brioix y pedacitos de almendras crocante que aportan el necesario crunch.El proyecto, fundado en 2024 por la jovencísima emprendedora Ana de Espona, apuesta por unir en un mismo espacio gastronomía, arte, moda y comunidad. Es un lugar que mezcla lo cotidiano y lo inesperado ; una apuesta por ofrecer un espacio acogedor y compartidos. El establecimiento dispone de una sala privada para reuniones, actos o comidas de grupo.De Espona ha perseguido que el ambiente respire arte y cultura local. Las paredes están presididas por grandes obras que no pasan desapercibidas, como dos piezas en azul Klein de Marta Carreté, un cuadro de Sonia Rosiñol con la frase «Art will save us» y una obra de Sandra Modrego que representa a cinco mujeres emprendedoras de la generación de Ana, incluyéndola a ella misma. La intención es seguir ampliando esta faceta con exposiciones de artistas emergentes y eventos donde arte y gastronomía se mezclen : cenas privadas, presentaciones de libros, conciertos íntimos, pop-ups o incluso clases de yoga. El servicio es amable y rápido y contribuye a la fidelización de la clientela, para quien Maldita Barra es una bendición en el «infernal» centro barcelonés.
La propuesta de Maldita Barra es original porque combina tres usos en un solo espacio en el centro de Barcelona, en la calle Rosselló,242, junto al Paseo de Gràcia. Su oferta tiene cara A y B, como si fuera un vinilo (por cierto, el … ambiente musical es de calidad alta fidelidad), de manera que el establecimiento muta de parroquia conforme transcurren las horas, al disponer de oferta durante todo el día, tanto de cafetería como de restaurante y bar de vinos donde, de repente, el visitante puede encontrarse actos de moda, arte o directamente musicales.
La estructura dual permite al restaurante transitar de forma orgánica desde la mañana con los desayunos, aperitivos y comidas, hasta la noche, ajustando la atmósfera y el producto al momento del día sin perder la esencia de establecimiento ininterrumpido. De este modo, la cara A (de 9:30h a 18:30h) se enfoca en desayunos y brunch e incluso la alta gastronomía urbana. En esa franja horaria destacan opciones como los croissants planchados con ibérico y brie o tostadas más completas y equilibradas, donde el juego de texturas es el protagonista.
Las comidas y cenas son la cara B de Maldita Barra, porque entra en escena la intensidad del público y el fuego en cocina. La brasa gana ahora un peso fundamental con platos como el pulpo con patata mortero, los vegetales braseados o la tagliata de ternera a la brasa, reforzando una cocina de producto desnudo pero ejecutado con precisión. La berenjena braseada con cremoso de tanini, una pasta cremosa de semillas de sésamo tostadas y molidas, fundamental en la cocina de Oriente Medio, acompañada de menta y almendras es un plato exquisito.
Con una copa de La Vinyeta, DO Empordà, un proyecto interesante que también elaboran miel y quesos, además de este blanco muy fresco que tiene el valor añadido de aportar una parte de su precio a salvar monos; se puede disfrutar de un aperitivo o comenzar una comida o cena con unas gildas matrimonio y una anchoa sobre tostada fina con mantequilla ahumada. La propuesta culinaria es versátil y consta de 28 platos inspirados en la cocina de Oriente Medio y desarrollada junto a chefs como Jordi Limón (MAM del Bó).
Maldita Barra ha optado por reducir el número de referencias en su carta para centrarse en la excelencia de cada oferta. Se trata de una renuncia consciente con la que ganan en coherencia y fluidez, tanto en cocina como en sala. Una simplificación que también busca la comodidad del comensal: los platos se presentan como propuestas completas, evitando la necesidad de añadidos externos y facilitando una decisión de mesa más ágil y satisfactoria.
Y es que el ingrediente reina por encima de la etiqueta, gracias a que su propietaria, Ana de Espona, de solo 24 años, ha refinado su red de proveedores en busca de la excepcionalidad, como el jamón de bellota cortado exclusivamente a cuchillo o una selección de quesos de autor que rotan según la temporada. La propuesta también se somete de forma radical a la temporalidad de la naturaleza, con platos como la vichyssoise (puerro con patata) reinterpretada con pera y brioix y pedacitos de almendras crocante que aportan el necesario crunch.
El proyecto, fundado en 2024 por la jovencísima emprendedora Ana de Espona, apuesta por unir en un mismo espacio gastronomía, arte, moda y comunidad. Es un lugar que mezcla lo cotidiano y lo inesperado; una apuesta por ofrecer un espacio acogedor y compartidos. El establecimiento dispone de una sala privada para reuniones, actos o comidas de grupo.
De Espona ha perseguido que el ambiente respire arte y cultura local. Las paredes están presididas por grandes obras que no pasan desapercibidas, como dos piezas en azul Klein de Marta Carreté, un cuadro de Sonia Rosiñol con la frase «Art will save us» y una obra de Sandra Modrego que representa a cinco mujeres emprendedoras de la generación de Ana, incluyéndola a ella misma. La intención es seguir ampliando esta faceta con exposiciones de artistas emergentes y eventos donde arte y gastronomía se mezclen: cenas privadas, presentaciones de libros, conciertos íntimos, pop-ups o incluso clases de yoga. El servicio es amable y rápido y contribuye a la fidelización de la clientela, para quien Maldita Barra es una bendición en el «infernal» centro barcelonés.
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