No tiene el peso histórico de la Virgen de Linares , que trajo el mismísimo rey san Fernando en la reconquista de la ciudad; carece del ‘señorío’ que despliega la Virgen de los Dolores , la Señora de Córdoba; le falta la ola de entusiasmo popular que arrastra la Paz cada Miércoles Santo; no preside el altar mayor de la Catedral, como la Virgen de Villaviciosa… Y, sin embargo, ahí está Nuestra Señora de la Fuensanta, cuya festividad celebramos mañana, con el privilegio de ser, entre tantas devociones marianas que tenemos los cordobeses, la patrona de Córdoba.Acaso la sencillez es su tarjeta de presentación y la clave de su éxito. Imagen medieval de pequeño tamaño, apenas medio metro de barro cocido y policromado, atribuida al círculo de Lorenzo Mercadante de Bretaña. Se apareció en 1420 a gentes sencillas, a Gonzalo García, humilde vecino de San Lorenzo que paseaba sus penas por las enfermedades de su esposa e hija, que descubrió una fuente en una huerta al pie de una higuera y les dio ese agua, con la que curaron de forma milagrosa. Fueron gentes del pueblo quienes inmediatamente comenzaron a peregrinar a ese lugar para beber de la ‘fuente santa’ y rezar ante la Virgen allí hallada, extendieron la devoción y alzaron el pocito y el santuario en esas huertas de las afueras de la ciudad. Y llegaron las leyendas populares que la adornaron, como la del caimán; los sucesos trágicos que pudieron hacerla desaparecer, como cuando los franceses la tiraron al suelo en 1808 y la rompieron; y el surgimiento desde el siglo XVIII en torno a la Virgen de la sencilla pero tradicional, genuina y consolidada Velá.Y llegó su proclamación como patrona, de las cofradías cordobesas y luego de Córdoba . Compartiendo títulos, eso sí, el primero con Álvaro de Córdoba y el segundo con los santos mártires Acisclo y Victoria. Hasta en eso es humilde. Y finalmente la apoteosis de su coronación canónica, el 2 de octubre de 1994, en el Bulevar del Gran Capitán. Se lo recomiendo, vayan a visitarla, es Córdoba. No tiene el peso histórico de la Virgen de Linares , que trajo el mismísimo rey san Fernando en la reconquista de la ciudad; carece del ‘señorío’ que despliega la Virgen de los Dolores , la Señora de Córdoba; le falta la ola de entusiasmo popular que arrastra la Paz cada Miércoles Santo; no preside el altar mayor de la Catedral, como la Virgen de Villaviciosa… Y, sin embargo, ahí está Nuestra Señora de la Fuensanta, cuya festividad celebramos mañana, con el privilegio de ser, entre tantas devociones marianas que tenemos los cordobeses, la patrona de Córdoba.Acaso la sencillez es su tarjeta de presentación y la clave de su éxito. Imagen medieval de pequeño tamaño, apenas medio metro de barro cocido y policromado, atribuida al círculo de Lorenzo Mercadante de Bretaña. Se apareció en 1420 a gentes sencillas, a Gonzalo García, humilde vecino de San Lorenzo que paseaba sus penas por las enfermedades de su esposa e hija, que descubrió una fuente en una huerta al pie de una higuera y les dio ese agua, con la que curaron de forma milagrosa. Fueron gentes del pueblo quienes inmediatamente comenzaron a peregrinar a ese lugar para beber de la ‘fuente santa’ y rezar ante la Virgen allí hallada, extendieron la devoción y alzaron el pocito y el santuario en esas huertas de las afueras de la ciudad. Y llegaron las leyendas populares que la adornaron, como la del caimán; los sucesos trágicos que pudieron hacerla desaparecer, como cuando los franceses la tiraron al suelo en 1808 y la rompieron; y el surgimiento desde el siglo XVIII en torno a la Virgen de la sencilla pero tradicional, genuina y consolidada Velá.Y llegó su proclamación como patrona, de las cofradías cordobesas y luego de Córdoba . Compartiendo títulos, eso sí, el primero con Álvaro de Córdoba y el segundo con los santos mártires Acisclo y Victoria. Hasta en eso es humilde. Y finalmente la apoteosis de su coronación canónica, el 2 de octubre de 1994, en el Bulevar del Gran Capitán. Se lo recomiendo, vayan a visitarla, es Córdoba.
No tiene el peso histórico de la Virgen de Linares, que trajo el mismísimo rey san Fernando en la reconquista de la ciudad; carece del ‘señorío’ que despliega la Virgen de los Dolores, la Señora de Córdoba; le falta la ola de entusiasmo … popular que arrastra la Paz cada Miércoles Santo; no preside el altar mayor de la Catedral, como la Virgen de Villaviciosa… Y, sin embargo, ahí está Nuestra Señora de la Fuensanta, cuya festividad celebramos mañana, con el privilegio de ser, entre tantas devociones marianas que tenemos los cordobeses, la patrona de Córdoba.
Acaso la sencillez es su tarjeta de presentación y la clave de su éxito. Imagen medieval de pequeño tamaño, apenas medio metro de barro cocido y policromado, atribuida al círculo de Lorenzo Mercadante de Bretaña. Se apareció en 1420 a gentes sencillas, a Gonzalo García, humilde vecino de San Lorenzo que paseaba sus penas por las enfermedades de su esposa e hija, que descubrió una fuente en una huerta al pie de una higuera y les dio ese agua, con la que curaron de forma milagrosa.
Fueron gentes del pueblo quienes inmediatamente comenzaron a peregrinar a ese lugar para beber de la ‘fuente santa’ y rezar ante la Virgen allí hallada, extendieron la devoción y alzaron el pocito y el santuario en esas huertas de las afueras de la ciudad. Y llegaron las leyendas populares que la adornaron, como la del caimán; los sucesos trágicos que pudieron hacerla desaparecer, como cuando los franceses la tiraron al suelo en 1808 y la rompieron; y el surgimiento desde el siglo XVIII en torno a la Virgen de la sencilla pero tradicional, genuina y consolidada Velá.
Y llegó su proclamación como patrona, de las cofradías cordobesas y luego de Córdoba. Compartiendo títulos, eso sí, el primero con Álvaro de Córdoba y el segundo con los santos mártires Acisclo y Victoria. Hasta en eso es humilde. Y finalmente la apoteosis de su coronación canónica, el 2 de octubre de 1994, en el Bulevar del Gran Capitán. Se lo recomiendo, vayan a visitarla, es Córdoba.
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