El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha inaugurado este lunes la Asamblea Plenaria que reunirá a los obispos en Madrid durante toda esta semana con un discurso de marcado tono eclesial y, al mismo tiempo, con una clara lectura de la actualidad pública y política. Así, si la primera parte se ha significado por la reivindicación de la comunión eclesial desde el recordatorio de que el próximo viaje del Papa tiene un carácter nacional y no local – «visitando a algunos, nos visita a todos» , ha afirmado–, la segunda ha tenido un tono más crítico, cuando al abordar de manera directa las relaciones con los poderes públicos, ha centrado su foco en la actuación del Gobierno, al que ha calificado de «confesional en materia antropológica», y del que ha condenado su «deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones».El Gobierno se lanzó en tromba contra Luis Argüello cuando el pasado junio señalaba desde las páginas de ABC que la única salida al «bloqueo institucional» que vive España pasaba por «dar voz a los ciudadanos» y convocar elecciones anticipadas. El Ejecutivo defendía entonces que los obispos se abstuvieran de intervenir en cuestiones políticas. Pero ahora, después que Sánchez ha alabado las declaraciones del Papa León XIV sobre las decisiones políticas de Donald Trump, Argüello no debería temer que sus palabras sobre la actuación del Gobierno sean ahora condenadas. Salvo que el Ejecutivo vuelva a poner en práctica «la doble vara de medir» que este lunes le ha atribuido el presidente de los obispos.Argüello ha sido muy claro al recordar que «el Estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas ‘confesionales’ en materia antropológica», ha sostenido, para detallar a continuación los ámbitos en los que, a su juicio, se produce esa deriva: «definiendo el comienzo y el final de la vida , la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales».Noticia relacionada reportaje No No Cuelgamuros se le atraganta a Bolaños: el conflicto judicial amenaza la resignificación José Ramón Navarro-ParejaUn diagnóstico que también ha ampliado a otros terrenos. Según Argüello, el Ejecutivo «tiene también una mirada confesional sobre la historia, y selectiva sobre las víctimas» y «manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones que aseguran la división de poderes». A ello añade la denuncia de «una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción» y la pretensión de «asegurar el control sobre los medios de comunicación».No obstante, el presidente de la CEE ha matizado su crítica con una consideración de carácter general: «Es de mínima honradez reconocer que varias de estas características valdrían para casi todos los gobiernos. Todos tenemos pecado original, y el poder y el dinero son tentaciones muy fuertes». Desde esa premisa, ha reiterado la voluntad de la Iglesia de mantener una «colaboración respetuosa y crítica», a la vez que ha reconocido «la leal colaboración actual en la preparación de la visita del Papa » por parte del Ejecutivo.Un Gobierno obsesionado con los abusosUno de los reproches más específicos ha ido dirigido a la agenda de diálogo con el Ejecutivo. «Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros)», ha señalado.En este contexto, Argüello ha explicado las razones que han llevado a la Iglesia a firmar el acuerdo sobre reparación a víctimas de abusos. Lejos de presentarlo como una imposición, lo ha enmarcado en un proceso previo: «Las diócesis españolas y las congregaciones religiosas venimos trabajando unidas con la coordinación de la CEE y la CONFER desde hace varios años», con iniciativas de prevención, formación y regulación. El paso dado ahora responde, según ha subrayado, a la voluntad de « situar a las víctimas en el centro » y de reconocer que los abusos «son de una enorme gravedad, rompen una confianza sagrada y hieren la fe de los pequeños». De ahí que la Iglesia haya querido «abrir otra puerta a la reparación integral con la colaboración del Defensor del Pueblo».Al mismo tiempo, ha expresado su malestar por el relato gubernamental sobre este acuerdo. «Nos preocupa la insistencia del Gobierno, al comentar el acuerdo, en no reconocer las reparaciones ya realizadas e insistir en que todo comienza ahora, así como en reducir toda la reparación a indemnización económica», ha advertido, citando incluso la afirmación del ministro de Justicia: «el Gobierno decide y la Iglesia paga».Invitación al acuerdo en CuelgamurosEn paralelo, Argüello ha lanzado un mensaje directo sobre el conflicto del Valle de los Caídos, rebautizado como Cuelgamuros por la Ley de Memoria Democrática. «Quiero, desde aquí, invitar al Gobierno y a los monjes de la abadía del Valle de Cuelgamuros a alcanzar un acuerdo razonable y satisfactorio para ambas partes», ha afirmado. La apelación no es menor en un contexto de tensión jurídica y política en torno a la resignificación del enclave. El presidente de los obispos ha añadido que ese acuerdo debería ser también «un testimonio de que es posible superar la polarización y encontrar vías de encuentro», en línea con la insistencia episcopal en rebajar la confrontación.Comunión episcopal ante el viaje del PapaAntes de este análisis sobre la situación política y las relaciones del Episcopado con el Gobierno, Luis Argüello había lanzado un mensaje absolutamente intraeclesial. La proximidad del viaje de León XIV, el primero de un Papa a España desde 2011, ya había sido uno de los puntos centrales del discurso. Argüello ha comenzado recordando el proceso que ha conducido a su confirmación –desde las primeras expectativas tras la audiencia con el Pontífice hasta el anuncio oficial del pasado 25 de febrero– y ha detallado las cuatro diócesis incluidas en el itinerario: Madrid, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna.Sin embargo, más allá del calendario, el presidente de los obispos ha querido zanjar implícitamente el debate que, en los últimos meses, ha acompañado a la preparación del viaje: el intento de algunas sedes –en especial Madrid y Barcelona– de capitalizar la visita como un acontecimiento propio.Frente a esa lectura, Argüello ha resumido con una frase la situación: «León XIV, visitando a algunos, nos visita a todos». Una afirmación que no sólo ha planteado desde un punto de vista retórico, sino que le ha servido de base para reivindicar ante los obispos reunidos la unidad de la Iglesia en España y la dimensión colegial del ministerio episcopal.El presidente de la CEE ha insistido en que «han sido decenas de lugares y comunidades de España quienes se han ofrecido para acoger al Papa», lo que, a su juicio, constituye «un motivo de agradecimiento a todos». Pero esa pluralidad de aspiraciones no altera el sentido del viaje, que –ha subrayado– se expresa también en el encuentro previsto con todos los obispos: «El encuentro que celebrará en esta misma casa con todos nosotros expresará, sin duda, esta comunión de la Iglesia de España con el sucesor de Pedro ». León XIV visitará la sede de la Conferencia Episcopal con motivo del sexagésimo aniversario de su creación.Un viaje con dimensión eclesial y políticaArgüello ha definido la visita como «un regalo que, además, está lleno de ricas oportunidades» y ha trazado un perfil del Pontífice como una figura «para el encuentro y la reconciliación entre tantas realidades sometidas hoy a dialécticas de contrarios». El viaje, ha explicado, permitirá «comprender y vivir la experiencia de la íntima relación entre las Iglesias particulares y la Iglesia toda» y servirá para que el Papa «nos confirme en la fe para hacernos caer en la cuenta de que, en cada una de las Iglesias particulares, acontece la Iglesia una, santa, católica y apostólica».Pero junto a esa dimensión eclesial, Argüello no ha eludido la vertiente pública del viaje. «Es también la visita de un jefe de Estado, y por eso supone una visita a la sociedad», ha señalado, añadiendo que ese «confirma en la fe» puede traducirse socialmente en un «confirma en la confianza» en un contexto marcado por la desconfianza y el individualismo. En esta línea, ha defendido que la presencia del Papa puede contribuir a «construir un ‘nosotros’ , un pueblo, que es imprescindible para que exista una democracia». Una afirmación que introduce una lectura política en sentido clásico –como búsqueda del bien común– y que conecta con la preocupación episcopal por la cohesión social.El itinerario del viaje, además, ha sido interpretado en clave simbólica. La etapa en Canarias visibiliza «un sufrimiento injusto» vinculado a la migración; Madrid permitirá «el encuentro con las autoridades civiles y la Conferencia Episcopal» y también expresa el desafío que supone «la evangelización de las grandes ciudades». Barcelona incorpora el referente de Antoni Gaudí y la proyección de la Sagrada Familia como «signo de santidad y de proyectos a largo plazo». El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha inaugurado este lunes la Asamblea Plenaria que reunirá a los obispos en Madrid durante toda esta semana con un discurso de marcado tono eclesial y, al mismo tiempo, con una clara lectura de la actualidad pública y política. Así, si la primera parte se ha significado por la reivindicación de la comunión eclesial desde el recordatorio de que el próximo viaje del Papa tiene un carácter nacional y no local – «visitando a algunos, nos visita a todos» , ha afirmado–, la segunda ha tenido un tono más crítico, cuando al abordar de manera directa las relaciones con los poderes públicos, ha centrado su foco en la actuación del Gobierno, al que ha calificado de «confesional en materia antropológica», y del que ha condenado su «deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones».El Gobierno se lanzó en tromba contra Luis Argüello cuando el pasado junio señalaba desde las páginas de ABC que la única salida al «bloqueo institucional» que vive España pasaba por «dar voz a los ciudadanos» y convocar elecciones anticipadas. El Ejecutivo defendía entonces que los obispos se abstuvieran de intervenir en cuestiones políticas. Pero ahora, después que Sánchez ha alabado las declaraciones del Papa León XIV sobre las decisiones políticas de Donald Trump, Argüello no debería temer que sus palabras sobre la actuación del Gobierno sean ahora condenadas. Salvo que el Ejecutivo vuelva a poner en práctica «la doble vara de medir» que este lunes le ha atribuido el presidente de los obispos.Argüello ha sido muy claro al recordar que «el Estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas ‘confesionales’ en materia antropológica», ha sostenido, para detallar a continuación los ámbitos en los que, a su juicio, se produce esa deriva: «definiendo el comienzo y el final de la vida , la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales».Noticia relacionada reportaje No No Cuelgamuros se le atraganta a Bolaños: el conflicto judicial amenaza la resignificación José Ramón Navarro-ParejaUn diagnóstico que también ha ampliado a otros terrenos. Según Argüello, el Ejecutivo «tiene también una mirada confesional sobre la historia, y selectiva sobre las víctimas» y «manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones que aseguran la división de poderes». A ello añade la denuncia de «una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción» y la pretensión de «asegurar el control sobre los medios de comunicación».No obstante, el presidente de la CEE ha matizado su crítica con una consideración de carácter general: «Es de mínima honradez reconocer que varias de estas características valdrían para casi todos los gobiernos. Todos tenemos pecado original, y el poder y el dinero son tentaciones muy fuertes». Desde esa premisa, ha reiterado la voluntad de la Iglesia de mantener una «colaboración respetuosa y crítica», a la vez que ha reconocido «la leal colaboración actual en la preparación de la visita del Papa » por parte del Ejecutivo.Un Gobierno obsesionado con los abusosUno de los reproches más específicos ha ido dirigido a la agenda de diálogo con el Ejecutivo. «Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros)», ha señalado.En este contexto, Argüello ha explicado las razones que han llevado a la Iglesia a firmar el acuerdo sobre reparación a víctimas de abusos. Lejos de presentarlo como una imposición, lo ha enmarcado en un proceso previo: «Las diócesis españolas y las congregaciones religiosas venimos trabajando unidas con la coordinación de la CEE y la CONFER desde hace varios años», con iniciativas de prevención, formación y regulación. El paso dado ahora responde, según ha subrayado, a la voluntad de « situar a las víctimas en el centro » y de reconocer que los abusos «son de una enorme gravedad, rompen una confianza sagrada y hieren la fe de los pequeños». De ahí que la Iglesia haya querido «abrir otra puerta a la reparación integral con la colaboración del Defensor del Pueblo».Al mismo tiempo, ha expresado su malestar por el relato gubernamental sobre este acuerdo. «Nos preocupa la insistencia del Gobierno, al comentar el acuerdo, en no reconocer las reparaciones ya realizadas e insistir en que todo comienza ahora, así como en reducir toda la reparación a indemnización económica», ha advertido, citando incluso la afirmación del ministro de Justicia: «el Gobierno decide y la Iglesia paga».Invitación al acuerdo en CuelgamurosEn paralelo, Argüello ha lanzado un mensaje directo sobre el conflicto del Valle de los Caídos, rebautizado como Cuelgamuros por la Ley de Memoria Democrática. «Quiero, desde aquí, invitar al Gobierno y a los monjes de la abadía del Valle de Cuelgamuros a alcanzar un acuerdo razonable y satisfactorio para ambas partes», ha afirmado. La apelación no es menor en un contexto de tensión jurídica y política en torno a la resignificación del enclave. El presidente de los obispos ha añadido que ese acuerdo debería ser también «un testimonio de que es posible superar la polarización y encontrar vías de encuentro», en línea con la insistencia episcopal en rebajar la confrontación.Comunión episcopal ante el viaje del PapaAntes de este análisis sobre la situación política y las relaciones del Episcopado con el Gobierno, Luis Argüello había lanzado un mensaje absolutamente intraeclesial. La proximidad del viaje de León XIV, el primero de un Papa a España desde 2011, ya había sido uno de los puntos centrales del discurso. Argüello ha comenzado recordando el proceso que ha conducido a su confirmación –desde las primeras expectativas tras la audiencia con el Pontífice hasta el anuncio oficial del pasado 25 de febrero– y ha detallado las cuatro diócesis incluidas en el itinerario: Madrid, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna.Sin embargo, más allá del calendario, el presidente de los obispos ha querido zanjar implícitamente el debate que, en los últimos meses, ha acompañado a la preparación del viaje: el intento de algunas sedes –en especial Madrid y Barcelona– de capitalizar la visita como un acontecimiento propio.Frente a esa lectura, Argüello ha resumido con una frase la situación: «León XIV, visitando a algunos, nos visita a todos». Una afirmación que no sólo ha planteado desde un punto de vista retórico, sino que le ha servido de base para reivindicar ante los obispos reunidos la unidad de la Iglesia en España y la dimensión colegial del ministerio episcopal.El presidente de la CEE ha insistido en que «han sido decenas de lugares y comunidades de España quienes se han ofrecido para acoger al Papa», lo que, a su juicio, constituye «un motivo de agradecimiento a todos». Pero esa pluralidad de aspiraciones no altera el sentido del viaje, que –ha subrayado– se expresa también en el encuentro previsto con todos los obispos: «El encuentro que celebrará en esta misma casa con todos nosotros expresará, sin duda, esta comunión de la Iglesia de España con el sucesor de Pedro ». León XIV visitará la sede de la Conferencia Episcopal con motivo del sexagésimo aniversario de su creación.Un viaje con dimensión eclesial y políticaArgüello ha definido la visita como «un regalo que, además, está lleno de ricas oportunidades» y ha trazado un perfil del Pontífice como una figura «para el encuentro y la reconciliación entre tantas realidades sometidas hoy a dialécticas de contrarios». El viaje, ha explicado, permitirá «comprender y vivir la experiencia de la íntima relación entre las Iglesias particulares y la Iglesia toda» y servirá para que el Papa «nos confirme en la fe para hacernos caer en la cuenta de que, en cada una de las Iglesias particulares, acontece la Iglesia una, santa, católica y apostólica».Pero junto a esa dimensión eclesial, Argüello no ha eludido la vertiente pública del viaje. «Es también la visita de un jefe de Estado, y por eso supone una visita a la sociedad», ha señalado, añadiendo que ese «confirma en la fe» puede traducirse socialmente en un «confirma en la confianza» en un contexto marcado por la desconfianza y el individualismo. En esta línea, ha defendido que la presencia del Papa puede contribuir a «construir un ‘nosotros’ , un pueblo, que es imprescindible para que exista una democracia». Una afirmación que introduce una lectura política en sentido clásico –como búsqueda del bien común– y que conecta con la preocupación episcopal por la cohesión social.El itinerario del viaje, además, ha sido interpretado en clave simbólica. La etapa en Canarias visibiliza «un sufrimiento injusto» vinculado a la migración; Madrid permitirá «el encuentro con las autoridades civiles y la Conferencia Episcopal» y también expresa el desafío que supone «la evangelización de las grandes ciudades». Barcelona incorpora el referente de Antoni Gaudí y la proyección de la Sagrada Familia como «signo de santidad y de proyectos a largo plazo».
El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha inaugurado este lunes la Asamblea Plenaria que reunirá a los obispos en Madrid durante toda esta semana con un discurso de marcado tono eclesial y, al mismo tiempo, con una clara lectura de la … actualidad pública y política. Así, si la primera parte se ha significado por la reivindicación de la comunión eclesial desde el recordatorio de que el próximo viaje del Papa tiene un carácter nacional y no local –«visitando a algunos, nos visita a todos», ha afirmado–, la segunda ha tenido un tono más crítico, cuando al abordar de manera directa las relaciones con los poderes públicos, ha centrado su foco en la actuación del Gobierno, al que ha calificado de «confesional en materia antropológica», y del que ha condenado su «deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones».
El Gobierno se lanzó en tromba contra Luis Argüello cuando el pasado junio señalaba desde las páginas de ABC que la única salida al «bloqueo institucional» que vive España pasaba por «dar voz a los ciudadanos» y convocar elecciones anticipadas. El Ejecutivo defendía entonces que los obispos se abstuvieran de intervenir en cuestiones políticas. Pero ahora, después que Sánchez ha alabado las declaraciones del Papa León XIV sobre las decisiones políticas de Donald Trump, Argüello no debería temer que sus palabras sobre la actuación del Gobierno sean ahora condenadas. Salvo que el Ejecutivo vuelva a poner en práctica «la doble vara de medir» que este lunes le ha atribuido el presidente de los obispos.
Argüello ha sido muy claro al recordar que «el Estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas ‘confesionales’ en materia antropológica», ha sostenido, para detallar a continuación los ámbitos en los que, a su juicio, se produce esa deriva: «definiendo el comienzo y el final de la vida, la definición del matrimonio y de la familia, y el significado de la sexualidad humana con criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales».
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José Ramón Navarro-Pareja
Un diagnóstico que también ha ampliado a otros terrenos. Según Argüello, el Ejecutivo «tiene también una mirada confesional sobre la historia, y selectiva sobre las víctimas» y «manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones que aseguran la división de poderes». A ello añade la denuncia de «una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción» y la pretensión de «asegurar el control sobre los medios de comunicación».
No obstante, el presidente de la CEE ha matizado su crítica con una consideración de carácter general: «Es de mínima honradez reconocer que varias de estas características valdrían para casi todos los gobiernos. Todos tenemos pecado original, y el poder y el dinero son tentaciones muy fuertes». Desde esa premisa, ha reiterado la voluntad de la Iglesia de mantener una «colaboración respetuosa y crítica», a la vez que ha reconocido «la leal colaboración actual en la preparación de la visita del Papa» por parte del Ejecutivo.
Un Gobierno obsesionado con los abusos
Uno de los reproches más específicos ha ido dirigido a la agenda de diálogo con el Ejecutivo. «Hemos hablado en estos meses de inmigración, de vivienda, de educación, pero el interés prioritario de este Gobierno, el único en el que ha querido forzar acuerdos, ha sido el asunto de los abusos a menores cometidos únicamente en el seno de la Iglesia y la resignificación del Valle de los Caídos (Cuelgamuros)», ha señalado.
En este contexto, Argüello ha explicado las razones que han llevado a la Iglesia a firmar el acuerdo sobre reparación a víctimas de abusos. Lejos de presentarlo como una imposición, lo ha enmarcado en un proceso previo: «Las diócesis españolas y las congregaciones religiosas venimos trabajando unidas con la coordinación de la CEE y la CONFER desde hace varios años», con iniciativas de prevención, formación y regulación. El paso dado ahora responde, según ha subrayado, a la voluntad de «situar a las víctimas en el centro» y de reconocer que los abusos «son de una enorme gravedad, rompen una confianza sagrada y hieren la fe de los pequeños». De ahí que la Iglesia haya querido «abrir otra puerta a la reparación integral con la colaboración del Defensor del Pueblo».
Al mismo tiempo, ha expresado su malestar por el relato gubernamental sobre este acuerdo. «Nos preocupa la insistencia del Gobierno, al comentar el acuerdo, en no reconocer las reparaciones ya realizadas e insistir en que todo comienza ahora, así como en reducir toda la reparación a indemnización económica», ha advertido, citando incluso la afirmación del ministro de Justicia: «el Gobierno decide y la Iglesia paga».
Invitación al acuerdo en Cuelgamuros
En paralelo, Argüello ha lanzado un mensaje directo sobre el conflicto del Valle de los Caídos, rebautizado como Cuelgamuros por la Ley de Memoria Democrática. «Quiero, desde aquí, invitar al Gobierno y a los monjes de la abadía del Valle de Cuelgamuros a alcanzar un acuerdo razonable y satisfactorio para ambas partes», ha afirmado. La apelación no es menor en un contexto de tensión jurídica y política en torno a la resignificación del enclave. El presidente de los obispos ha añadido que ese acuerdo debería ser también «un testimonio de que es posible superar la polarización y encontrar vías de encuentro», en línea con la insistencia episcopal en rebajar la confrontación.
Comunión episcopal ante el viaje del Papa
Antes de este análisis sobre la situación política y las relaciones del Episcopado con el Gobierno, Luis Argüello había lanzado un mensaje absolutamente intraeclesial. La proximidad del viaje de León XIV, el primero de un Papa a España desde 2011, ya había sido uno de los puntos centrales del discurso. Argüello ha comenzado recordando el proceso que ha conducido a su confirmación –desde las primeras expectativas tras la audiencia con el Pontífice hasta el anuncio oficial del pasado 25 de febrero– y ha detallado las cuatro diócesis incluidas en el itinerario: Madrid, Barcelona, Canarias y San Cristóbal de la Laguna.
Sin embargo, más allá del calendario, el presidente de los obispos ha querido zanjar implícitamente el debate que, en los últimos meses, ha acompañado a la preparación del viaje: el intento de algunas sedes –en especial Madrid y Barcelona– de capitalizar la visita como un acontecimiento propio.
Frente a esa lectura, Argüello ha resumido con una frase la situación: «León XIV, visitando a algunos, nos visita a todos». Una afirmación que no sólo ha planteado desde un punto de vista retórico, sino que le ha servido de base para reivindicar ante los obispos reunidos la unidad de la Iglesia en España y la dimensión colegial del ministerio episcopal.
El presidente de la CEE ha insistido en que «han sido decenas de lugares y comunidades de España quienes se han ofrecido para acoger al Papa», lo que, a su juicio, constituye «un motivo de agradecimiento a todos». Pero esa pluralidad de aspiraciones no altera el sentido del viaje, que –ha subrayado– se expresa también en el encuentro previsto con todos los obispos: «El encuentro que celebrará en esta misma casa con todos nosotros expresará, sin duda, esta comunión de la Iglesia de España con el sucesor de Pedro». León XIV visitará la sede de la Conferencia Episcopal con motivo del sexagésimo aniversario de su creación.
Un viaje con dimensión eclesial y política
Argüello ha definido la visita como «un regalo que, además, está lleno de ricas oportunidades» y ha trazado un perfil del Pontífice como una figura «para el encuentro y la reconciliación entre tantas realidades sometidas hoy a dialécticas de contrarios». El viaje, ha explicado, permitirá «comprender y vivir la experiencia de la íntima relación entre las Iglesias particulares y la Iglesia toda» y servirá para que el Papa «nos confirme en la fe para hacernos caer en la cuenta de que, en cada una de las Iglesias particulares, acontece la Iglesia una, santa, católica y apostólica».
Pero junto a esa dimensión eclesial, Argüello no ha eludido la vertiente pública del viaje. «Es también la visita de un jefe de Estado, y por eso supone una visita a la sociedad», ha señalado, añadiendo que ese «confirma en la fe» puede traducirse socialmente en un «confirma en la confianza» en un contexto marcado por la desconfianza y el individualismo. En esta línea, ha defendido que la presencia del Papa puede contribuir a «construir un ‘nosotros’ , un pueblo, que es imprescindible para que exista una democracia». Una afirmación que introduce una lectura política en sentido clásico –como búsqueda del bien común– y que conecta con la preocupación episcopal por la cohesión social.
El itinerario del viaje, además, ha sido interpretado en clave simbólica. La etapa en Canarias visibiliza «un sufrimiento injusto» vinculado a la migración; Madrid permitirá «el encuentro con las autoridades civiles y la Conferencia Episcopal» y también expresa el desafío que supone «la evangelización de las grandes ciudades». Barcelona incorpora el referente de Antoni Gaudí y la proyección de la Sagrada Familia como «signo de santidad y de proyectos a largo plazo».
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