Una pseudoterapia que impartía quien se autodenominaba como « maestro iluminado » y que derivó en abusos sexuales continuados hacia, al menos, cinco mujeres. Fue una de ellas quien lo denunció a finales de 2020 y, sólo tres meses después, los Mossos d’Esquadra lo detenían en un municipio de Barcelona, de poco más de 1.000 habitantes, La Pobla de Lillet . Un arresto que llegó tras casi una década de manipulación a sus víctimas, a alguna de las cuales llegó a violar, y por lo que ahora se enfrenta a una petición de 70 años de prisión por parte de la Fiscalía. De ellos, 50 por los abusos y, los restantes, por trato degradante y lesiones. Y es que entre las ‘pruebas’ a las que sometía a sus ‘alumnos’ estaba una que incluye el curso de aspirante al Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional: bañarse en un río en invierno -en este caso, desnudos-, para conocer su «límite». También azotarlos, simular violaciones grupales, o atarles las manos a la espalda para que comiesen lo que les tiraba al suelo.El falso gurú, que ejercía como profesor de yoga, José, que entonces tenía 66 años, vendía trabajar el crecimiento personal. Predicaba que el sufrimiento se encuentra en el mundo terrenal y que para superarlo era necesario trascender y destruir el ego. Bajo ese pretexto, sometía a sus víctimas a todo tipo de vejaciones: desde el control diario de sus rutinas, hasta su vida familiar y laboral, para luego emplear la información recabada para ir debilitándolos de forma paulatina, anular su personalidad y controlarlos. Su finalidad, reza ahora el escrito de acusación del Ministerio público, era doblegar su voluntad para someterlos a prácticas, en su mayoría sexuales, incluidas orgías, que de otra forma no hubieran consentido.Del debilitamiento mental y físico, al hostigamiento e insultos constantes. A una de esas víctimas, gitana, le decía, entre otras cosas, que acabaría siendo alcohólica y sumisa como su madre, y que él la había sacado de la calle. A otra mujer, que recaló en esta pseudoterapia estando embarazada de cinco meses, y que durante el post-parto perdió a su padre, la humillaba también de forma constante, y animaba al resto de ‘alumnos’ a hacer lo propio, impidiéndole además tomar su medicación para la migraña. Así los sometía, tras captarlos cuando atravesaban momentos de vulnerabilidad. En el caso de otra de las afectadas por el falso gurú, fue ella la que acudió a su consulta tras encontrarse sola en Barcelona, sin trabajo y tras haber sido diagnosticada de una enfermedad. Tras prohibirle hablar con nadie más de esas «sesiones» individuales que realizaba en un piso de la capital catalana, la hizo asistir a los retiros de fin de semana que organizaba para continuar con ese «trabajo espiritual». En esos ‘retiros’ les hacía caminar primero durante horas por la montaña, sin comer, ni beber. Excursiones de «tal complejidad», incluida la prueba del río, apunta ahora la acusación pública, que algunos llegaban a lesionarse, pero eso era motivo de castigo: era su culpa, les decía el «maestro iluminado», por perder «la conexión con el trabajo». Finalizadas las rutas, llegaba una reunión grupal en la que, si desobedecían sus órdenes, les humillaba ante los demás. Primero, claro, se había ganado su confianza. No era hasta pasando un tiempo cuando desplegaba ese trato degradante, sometiéndolos a «máxima tensión emocional». El objetivo era destruir su autoestima, y generar dependencia. Lo consiguió en al menos cinco de los casos, con las cinco mujeres de las que habría abusado. Antes de esos abusos, anuló su voluntad. Después, justificaba la introducción del sexo en la pseudoterapia al predicar que así podían alcanzar el crecimiento personal que anhelaban. El objetivo del falso gurú era destruir la autoestima de sus víctimas y generarles dependencia. Lo consiguió en cinco de los casos, con las cinco mujeres a las que agredió. Antes de esos abusos, anuló su voluntadCuando esas sesiones grupales terminaban, pedía a alguna de las mujeres que se quedasen a solas con él. Era entonces cuando bien las agredía sexualmente, con penetración u obligándolas a realizarle felaciones. Las víctimas se quedaban paralizadas, por el terror que les infundía. El pretexto de esos abusos era «romper el ego y poder crecer». Y en esa dinámica de control, llegaba a expulsarlas del grupo y someterlas a pruebas para ser readmitidas, sino, les decía, no tendrían camino. Una de esas pruebas o «sacrificios» era mantener sexo con él. «Si estás en contacto conmigo, estás más cerca de conseguir la iluminación», le dijo a una de ellas. A otra le aseguró que «tenía problemas con los hombres» y que él la iba «a curar». «Trabajo espiritual»Controlaba sus vidas y sus relaciones, en lo que es una característica común de los grupos coercitivos: aislar a las víctimas de su entorno. No podían hablar con nadie de las sesiones -para «proteger el trabajo espiritual»-, y también les prohibía relacionarse con otras personas que no formasen parte del «grupo», incluso creaba conflictos entre sus integrantes, en lo que era una dinámica más de ese control que ejercía sobre ellos, para anularlos y así poder perpetrar los abusos contra las mujeres. También en plena calle, como ocurrió en junio de 2015, en el parque de la Ciutadella, en Barcelona. Si antes no alcanza un acuerdo de conformidad con la Fiscalía, para evitar el juicio, el falso gurú tendrá que sentarse en el banquillo de la Audiencia Provincial el próximo lunes. Una pseudoterapia que impartía quien se autodenominaba como « maestro iluminado » y que derivó en abusos sexuales continuados hacia, al menos, cinco mujeres. Fue una de ellas quien lo denunció a finales de 2020 y, sólo tres meses después, los Mossos d’Esquadra lo detenían en un municipio de Barcelona, de poco más de 1.000 habitantes, La Pobla de Lillet . Un arresto que llegó tras casi una década de manipulación a sus víctimas, a alguna de las cuales llegó a violar, y por lo que ahora se enfrenta a una petición de 70 años de prisión por parte de la Fiscalía. De ellos, 50 por los abusos y, los restantes, por trato degradante y lesiones. Y es que entre las ‘pruebas’ a las que sometía a sus ‘alumnos’ estaba una que incluye el curso de aspirante al Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional: bañarse en un río en invierno -en este caso, desnudos-, para conocer su «límite». También azotarlos, simular violaciones grupales, o atarles las manos a la espalda para que comiesen lo que les tiraba al suelo.El falso gurú, que ejercía como profesor de yoga, José, que entonces tenía 66 años, vendía trabajar el crecimiento personal. Predicaba que el sufrimiento se encuentra en el mundo terrenal y que para superarlo era necesario trascender y destruir el ego. Bajo ese pretexto, sometía a sus víctimas a todo tipo de vejaciones: desde el control diario de sus rutinas, hasta su vida familiar y laboral, para luego emplear la información recabada para ir debilitándolos de forma paulatina, anular su personalidad y controlarlos. Su finalidad, reza ahora el escrito de acusación del Ministerio público, era doblegar su voluntad para someterlos a prácticas, en su mayoría sexuales, incluidas orgías, que de otra forma no hubieran consentido.Del debilitamiento mental y físico, al hostigamiento e insultos constantes. A una de esas víctimas, gitana, le decía, entre otras cosas, que acabaría siendo alcohólica y sumisa como su madre, y que él la había sacado de la calle. A otra mujer, que recaló en esta pseudoterapia estando embarazada de cinco meses, y que durante el post-parto perdió a su padre, la humillaba también de forma constante, y animaba al resto de ‘alumnos’ a hacer lo propio, impidiéndole además tomar su medicación para la migraña. Así los sometía, tras captarlos cuando atravesaban momentos de vulnerabilidad. En el caso de otra de las afectadas por el falso gurú, fue ella la que acudió a su consulta tras encontrarse sola en Barcelona, sin trabajo y tras haber sido diagnosticada de una enfermedad. Tras prohibirle hablar con nadie más de esas «sesiones» individuales que realizaba en un piso de la capital catalana, la hizo asistir a los retiros de fin de semana que organizaba para continuar con ese «trabajo espiritual». En esos ‘retiros’ les hacía caminar primero durante horas por la montaña, sin comer, ni beber. Excursiones de «tal complejidad», incluida la prueba del río, apunta ahora la acusación pública, que algunos llegaban a lesionarse, pero eso era motivo de castigo: era su culpa, les decía el «maestro iluminado», por perder «la conexión con el trabajo». Finalizadas las rutas, llegaba una reunión grupal en la que, si desobedecían sus órdenes, les humillaba ante los demás. Primero, claro, se había ganado su confianza. No era hasta pasando un tiempo cuando desplegaba ese trato degradante, sometiéndolos a «máxima tensión emocional». El objetivo era destruir su autoestima, y generar dependencia. Lo consiguió en al menos cinco de los casos, con las cinco mujeres de las que habría abusado. Antes de esos abusos, anuló su voluntad. Después, justificaba la introducción del sexo en la pseudoterapia al predicar que así podían alcanzar el crecimiento personal que anhelaban. El objetivo del falso gurú era destruir la autoestima de sus víctimas y generarles dependencia. Lo consiguió en cinco de los casos, con las cinco mujeres a las que agredió. Antes de esos abusos, anuló su voluntadCuando esas sesiones grupales terminaban, pedía a alguna de las mujeres que se quedasen a solas con él. Era entonces cuando bien las agredía sexualmente, con penetración u obligándolas a realizarle felaciones. Las víctimas se quedaban paralizadas, por el terror que les infundía. El pretexto de esos abusos era «romper el ego y poder crecer». Y en esa dinámica de control, llegaba a expulsarlas del grupo y someterlas a pruebas para ser readmitidas, sino, les decía, no tendrían camino. Una de esas pruebas o «sacrificios» era mantener sexo con él. «Si estás en contacto conmigo, estás más cerca de conseguir la iluminación», le dijo a una de ellas. A otra le aseguró que «tenía problemas con los hombres» y que él la iba «a curar». «Trabajo espiritual»Controlaba sus vidas y sus relaciones, en lo que es una característica común de los grupos coercitivos: aislar a las víctimas de su entorno. No podían hablar con nadie de las sesiones -para «proteger el trabajo espiritual»-, y también les prohibía relacionarse con otras personas que no formasen parte del «grupo», incluso creaba conflictos entre sus integrantes, en lo que era una dinámica más de ese control que ejercía sobre ellos, para anularlos y así poder perpetrar los abusos contra las mujeres. También en plena calle, como ocurrió en junio de 2015, en el parque de la Ciutadella, en Barcelona. Si antes no alcanza un acuerdo de conformidad con la Fiscalía, para evitar el juicio, el falso gurú tendrá que sentarse en el banquillo de la Audiencia Provincial el próximo lunes.
Una pseudoterapia que impartía quien se autodenominaba como «maestro iluminado» y que derivó en abusos sexuales continuados hacia, al menos, cinco mujeres. Fue una de ellas quien lo denunció a finales de 2020 y, sólo tres meses después, los Mossos d’Esquadra lo detenían … en un municipio de Barcelona, de poco más de 1.000 habitantes, La Pobla de Lillet. Un arresto que llegó tras casi una década de manipulación a sus víctimas, a alguna de las cuales llegó a violar, y por lo que ahora se enfrenta a una petición de 70 años de prisión por parte de la Fiscalía. De ellos, 50 por los abusos y, los restantes, por trato degradante y lesiones. Y es que entre las ‘pruebas’ a las que sometía a sus ‘alumnos’ estaba una que incluye el curso de aspirante al Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía Nacional: bañarse en un río en invierno -en este caso, desnudos-, para conocer su «límite». También azotarlos, simular violaciones grupales, o atarles las manos a la espalda para que comiesen lo que les tiraba al suelo.
El falso gurú, que ejercía como profesor de yoga, José, que entonces tenía 66 años, vendía trabajar el crecimiento personal. Predicaba que el sufrimiento se encuentra en el mundo terrenal y que para superarlo era necesario trascender y destruir el ego. Bajo ese pretexto, sometía a sus víctimas a todo tipo de vejaciones: desde el control diario de sus rutinas, hasta su vida familiar y laboral, para luego emplear la información recabada para ir debilitándolos de forma paulatina, anular su personalidad y controlarlos. Su finalidad, reza ahora el escrito de acusación del Ministerio público, era doblegar su voluntad para someterlos a prácticas, en su mayoría sexuales, incluidas orgías, que de otra forma no hubieran consentido.
Del debilitamiento mental y físico, al hostigamiento e insultos constantes. A una de esas víctimas, gitana, le decía, entre otras cosas, que acabaría siendo alcohólica y sumisa como su madre, y que él la había sacado de la calle. A otra mujer, que recaló en esta pseudoterapia estando embarazada de cinco meses, y que durante el post-parto perdió a su padre, la humillaba también de forma constante, y animaba al resto de ‘alumnos’ a hacer lo propio, impidiéndole además tomar su medicación para la migraña. Así los sometía, tras captarlos cuando atravesaban momentos de vulnerabilidad. En el caso de otra de las afectadas por el falso gurú, fue ella la que acudió a su consulta tras encontrarse sola en Barcelona, sin trabajo y tras haber sido diagnosticada de una enfermedad. Tras prohibirle hablar con nadie más de esas «sesiones» individuales que realizaba en un piso de la capital catalana, la hizo asistir a los retiros de fin de semana que organizaba para continuar con ese «trabajo espiritual».
En esos ‘retiros’ les hacía caminar primero durante horas por la montaña, sin comer, ni beber. Excursiones de «tal complejidad», incluida la prueba del río, apunta ahora la acusación pública, que algunos llegaban a lesionarse, pero eso era motivo de castigo: era su culpa, les decía el «maestro iluminado», por perder «la conexión con el trabajo». Finalizadas las rutas, llegaba una reunión grupal en la que, si desobedecían sus órdenes, les humillaba ante los demás.
Primero, claro, se había ganado su confianza. No era hasta pasando un tiempo cuando desplegaba ese trato degradante, sometiéndolos a «máxima tensión emocional». El objetivo era destruir su autoestima, y generar dependencia. Lo consiguió en al menos cinco de los casos, con las cinco mujeres de las que habría abusado. Antes de esos abusos, anuló su voluntad. Después, justificaba la introducción del sexo en la pseudoterapia al predicar que así podían alcanzar el crecimiento personal que anhelaban.
El objetivo del falso gurú era destruir la autoestima de sus víctimas y generarles dependencia. Lo consiguió en cinco de los casos, con las cinco mujeres a las que agredió. Antes de esos abusos, anuló su voluntad
Cuando esas sesiones grupales terminaban, pedía a alguna de las mujeres que se quedasen a solas con él. Era entonces cuando bien las agredía sexualmente, con penetración u obligándolas a realizarle felaciones. Las víctimas se quedaban paralizadas, por el terror que les infundía. El pretexto de esos abusos era «romper el ego y poder crecer». Y en esa dinámica de control, llegaba a expulsarlas del grupo y someterlas a pruebas para ser readmitidas, sino, les decía, no tendrían camino. Una de esas pruebas o «sacrificios» era mantener sexo con él. «Si estás en contacto conmigo, estás más cerca de conseguir la iluminación», le dijo a una de ellas. A otra le aseguró que «tenía problemas con los hombres» y que él la iba «a curar».
«Trabajo espiritual»
Controlaba sus vidas y sus relaciones, en lo que es una característica común de los grupos coercitivos: aislar a las víctimas de su entorno. No podían hablar con nadie de las sesiones -para «proteger el trabajo espiritual»-, y también les prohibía relacionarse con otras personas que no formasen parte del «grupo», incluso creaba conflictos entre sus integrantes, en lo que era una dinámica más de ese control que ejercía sobre ellos, para anularlos y así poder perpetrar los abusos contra las mujeres. También en plena calle, como ocurrió en junio de 2015, en el parque de la Ciutadella, en Barcelona.
Si antes no alcanza un acuerdo de conformidad con la Fiscalía, para evitar el juicio, el falso gurú tendrá que sentarse en el banquillo de la Audiencia Provincial el próximo lunes.
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