Las cadenas de franquicias que operan en España registraron el año pasado unas ventas de casi 28.500 millones de euros, un 3% más. Destaca el buen comportamiento de las cadenas de consignas, los negocios que necesitan locales de tamaño reducido y las firmas especializadas en el borrado de tatuajes. Leer Las cadenas de franquicias que operan en España registraron el año pasado unas ventas de casi 28.500 millones de euros, un 3% más. Destaca el buen comportamiento de las cadenas de consignas, los negocios que necesitan locales de tamaño reducido y las firmas especializadas en el borrado de tatuajes. Leer
Las franquicias no son únicamente marcas socialmente conocidas. También constituyen un negocio de gran impacto económico, que equivale al 1,6% del Producto Interior Bruto (PIB), lo que prueba su enorme relevancia en el tejido empresarial español.
Las franquicias que operan en el país alcanzaron una facturación de 28.454 millones de euros en 2025, un 3% más. Así queda registrado en el informe La Franquicia en España 2026, que elabora la Asociación Española de la Franquicia (AEF) en colaboración con Grupo Cajamar.
De cara al futuro, el sector vigila de cerca el aumento de los costes laborales, de los alquileres, de la financiación, de la energía y de las materias primas, todos ellos, factores que pueden mermar su rentabilidad. «También preocupan la falta de personal cualificado y una regulación cada vez más compleja, siendo el mayor reto mantener los márgenes sin trasladar todo el incremento de costes al consumidor», alerta Carlos Barbadillo, consejero delegado de la consultora especializada a la que él mismo da nombre.
El impacto sociolaboral de la franquicia es otro de los puntos fuertes del negocio. No en vano, este modelo empleó a 322.830 personas en España en 2025, lo que se traduce en la creación neta de 4.517 nuevos puestos de trabajo y un repunte del 1,4% en comparación con el año previo.
En términos regionales, un vistazo a la guía elaborada por la AEF permite apreciar que este modelo atraviesa una fase de consolidación y madurez: Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía y Galicia son las comunidades más fuertes, con el 82% de las enseñas.
Barbadillo corrobora la buena salud de las franquicias, «que crecen en ventas y empleo y se están profesionalizando», dice el experto. Esto significa que el mercado es más selectivo y ya no basta con tener una buena marca, sino que se exige un modelo ya probado y que ofrezca un soporte real al franquiciado.
Este salto hacia la calidad se constata en el informe de la AEF, que muestra cómo el sector ha priorizado durante los últimos meses la optimización y la rentabilidad financiera frente a la expansión masiva de marcas.
Así, pese al avance registrado en las ventas, el censo de enseñas ha sufrido una corrección a la baja, con una reducción del 6,5% que deja en 1.295 el número de marcas activas en España. De ellas, el 82% es de origen nacional y el 18% restante es de procedencia internacional, con Francia, EEUU, Italia, Reino Unido y Portugal como países más activos.
El descenso en las marcas se ha dejado sentir levemente en el tejido de establecimientos físicos, que se ha replegado un 1%, estabilizándose en 77.526 tiendas abiertas. Esta diferencia de comportamiento entre la mayor cifra de negocio y la contracción de puntos de venta físicos evidencia «un proceso de saneamiento y selección natural del ecosistema franquicial«, destacan desde la AEF.
En la asociación consideran que el sector está anteponiendo la calidad y la solidez comercial frente al volumen. «La salida de marcas del mercado no se debe a un debilitamiento del formato, sino a procesos de concentración empresarial y al cierre de algunos proyectos que carecían de la tracción necesaria«, argumentan desde la AEF. De ahí que las redes supervivientes sean, por lo general, más robustas y facturen más, además de demandar más empleados y tener una mayor capacidad para rentabilizar cada metro cuadrado de la superficie comercial que poseen.
Barbadillo corrobora que el sector ha registrado máximos históricos de facturación y de empleo, al tiempo que ha reducido el número de marcas operativas y locales físicos. «Estamos ante un proceso de madurez, pues hay un ligero descenso de marcas y de establecimientos, pero los que permanecen son más sólidos, venden más y generan más empleo: se produce una depuración natural de proyectos que o bien estaban poco estructurados o se presentaban como franquicias sin tener un modelo suficientemente probado», explica el experto.
Por sectores, los mayores exponentes del éxito de las franquicias son las enseñas de alimentación y hostelería, que lideran el mercado. El sector alimentario se consolida, una vez más, como líder absoluto del sistema. A cierre de 2025, los supermercados y tiendas de nutrición bajo este régimen facturaron 8.056,1 millones de euros a través de una red de 12.928 establecimientos. «Su fortaleza se debe a la naturaleza esencial de su actividad, que ha combinado la proximidad física con la digitalización de los pedidos», dicen desde la AEF.
A poca distancia se sitúan los sectores de hostelería y restauración, que se erigen como las actividades con mayor variedad y densidad de franquicias del país, con un total de 243 cadenas franquiciadoras. Lejos de esos dos segmentos aparecen las enseñas vinculadas a sectores como moda, belleza y estética.
Pero, aunque la alimentación y la hostelería lideran el negocio, todavía hay margen para otras opciones como las relacionadas con necesidades recurrentes, servicios especializados y actividades que no pueden ser sustituidas fácilmente por el comercio electrónico. «Hay crecimiento en los ámbitos de salud y bienestar, medicina preventiva, entrenamiento especializado, cuidado de mayores, mascotas, movilidad, tecnología y servicios a empresas», recuerda Barbadillo.
Sea como fuere, el negocio sigue siendo una eficaz fórmula para el autoempleo. No en vano, carece de una inversión mínima universal, aunque se deben analizar el circulante, los cánones, la rentabilidad real, el plazo de recuperación y la capacidad financiera necesaria hasta el punto de equilibrio. En caso de desconocimiento o dudas, conviene acudir a asesores especializados.
Desfases entre los horarios de check in y check out y los viajes en tren, avión o autobús, así como la proliferación de alojamientos turísticos que, a diferencia de muchos hoteles, no tienen un servicio para guardar el equipaje. La combinación de estos factores ha provocado que las ciudades españolas se llenen de locales de consignas o lockers, que se convierten en una solución para aquellos que acaban de llegar a su destino o disfrutan de sus últimas horas antes de regresar. Este negocio, además, es una inversión segura para los franquiciados, según los operadores.
«Nuestras unidades funcionan con una aplicación intuitiva y no es necesario personal para el acceso», explica Manuel Rodrigues, general manager y uno de los fundadores de la plataforma LOCK & enjoy!. «Se trata de un modelo que ofrece estabilidad por el bajo coste variable que tiene gracias a la automatización completa».
LOCK & enjoy! nació en Sevilla en 2018 y poco a poco ha ido llegando a otras ciudades españolas como Madrid, Barcelona, Málaga, San Sebastián o Valencia. Recientemente ha dado el salto a capitales europeas como Lisboa o París. Su estrategia de crecimiento es, según palabras de Rodrigues, «selectiva pero agresiva«. Consiste en identificar «mercados con alto flujo turístico y presencia de transporte masivo», donde su modelo «demuestra máxima viabilidad». Así, han conseguido acuerdos con franquiciados con los que sumarían a finales de año «50 unidades operativas«.
Un total de 70 locales y alrededor de 500.000 reservas anuales en Europa son las credenciales de Locker in the City, otra compañía nacida en España y que ha crecido mucho durante los últimos años. Para su director de Expansión de Franquicias, Alejandro Dufau, la clave del éxito de este tipo de negocios radica en «la flexibilidad de horarios y la seguridad«. Además, el turista ya no es su único usuario y cada vez son más los ciudadanos que «utilizan taquillas para guardar las bolsas y seguir paseando» o «moteros que las usan para sus cascos». A ellos se suman quienes «necesitan almacenar sus pertenencias durante 20, 30, 40 días o incluso meses».
Dufau tiene claro que la garantía de rentabilidad de sus franquiciados reside en «la solidez, la capacidad tecnológica y el músculo operativo de la central«. Y profundiza: «Desde la matriz asumimos buena parte de la complejidad técnica y operativa, para que el franquiciado no tenga que ocuparse de la gestión diaria. Nos encargamos de la ejecución y optimización de las campañas de márketing, el posicionamiento en Google Ads, la visibilidad de la aplicación y la atención al cliente 24/7».
Dufau y Rodrigues tienen claro que este tipo de inversiones pueden ser una buena alternativa para esquivar, en la medida de lo posible, la actual crisis inmobiliaria. Según el portavoz de Locker in the City, «al operar con eficiencia en locales de dimensiones reducidas, el impacto de la subida de los alquileres es limitado«. Por su parte, el fundador de LOCK & enjoy! considera que la escalada de los precios de los inmuebles les ha ayudado a «eliminar competidores débiles, haciendo que el modelo sea más robusto». Esto les ha permitido «incrementar los precios entre un 8% y un 12% en 2023 y 2024, sin registrar pérdidas de ocupación».
Durante años, la franquicia se midió en metros cuadrados. Más grande y más visible igual a más negocio. Pero con una capacidad de inversión de hasta 20.000 euros para el 32% de los nuevos emprendedores, según Tormo Franquicias Consulting, el local convencional puede quedarse fuera de juego. De hecho, algunas cadenas han dado la vuelta a la ecuación: menos espacio, más eficiencia y, en algunos casos, sin persiana a pie de calle.
En determinados conceptos, el negocio cabe en 15 ó 20 metros cuadrados. Reducir el tamaño permite contener costes y, a su vez, acceder a ubicaciones que serían difíciles de asumir con un local mayor. Se trata de aprovechar cada metro y adaptarlo al producto o servicio.
Nails Factory lleva años aplicando este enfoque a su modelo de belleza exprés. «La optimización del espacio ha sido una de nuestras señas de identidad desde los inicios. No entendemos que un centro tenga que ser grande para ofrecer una experiencia de calidad«, tal como explican desde la enseña.
La firma especializada en manicura, que cuenta con 140 franquicias y más de 1.000 empleados, ha sumado 20 aperturas durante los últimos dos años, con inversiones desde 15.900 euros. Más del 40% de sus puntos de venta están en manos de multifranquiciados que operan varios locales.
Pero reducir metros no sólo contiene la inversión inicial. También abre la puerta a arterias comerciales difíciles de asumir con un local más grande. Es el caso de la cadena de perfumería Aromas Artesanales. «El formato reducido facilita el acceso a ubicaciones atractivas en las que un local mayor resultaría menos viable económicamente y permite recortar el alquiler, la obra y los gastos de funcionamiento», indican desde la central.
Desde esta enseña, que roza las cien tiendas en España (77 franquiciadas) con una inversión cercana a los 30.000 euros, destacan que «no es necesario disponer de amplias superficies para ofrecer una gama completa y una experiencia de compra atractiva». A su vez, eso agiliza las obras y permite a la mayoría de sus franquiciados abrir una segunda o tercera tienda.
La firma dedicada al márketing olfativo Ambiseint ha llevado esta tendencia al extremo. Su CEO, Fernando Castillo, explica que su modelo prescinde del espacio comercial: «No necesitamos un local a pie de calle, basta con un pequeño almacén». Sin la losa del alquiler ni los gastos de reforma, la inversión inicial de 24.900 euros más IVA se destina a estocaje de producto fabricado en España, sin exigir un canon de entrada a fondo perdido. Con este esquema, la firma apoya su rentabilidad en una red comercial de venta directa, con mantenimientos recurrentes cada 28 días y márgenes superiores al 65%.
Esa ligereza de costes ha redefinido el perfil de quien se acerca a la franquicia. Según concluye Castillo,»hemos pasado de la persona que buscaba un autoempleo a los profesionales de entre 35 y 55 años, con recorrido directivo o comercial, e incluso a empresas de otros sectores que buscan diversificar».
Lo que un día se diseñó para ser eterno se ha convertido en una oportunidad de negocio para hacer desaparecer la tinta. A medida que las agujas han ido llenando de imágenes la piel de los españoles, también ha crecido la necesidad de hacer el camino inverso. Alrededor del tatuaje está tomando forma una industria satélite de centros especializados en eliminarlo, con varias franquicias tratando de convertir el arrepentimiento en un nicho rentable.
Según datos aportados por Lutronic PBS, fabricante de tecnología láser estética, hasta el 60% de las personas que se tatúan se arrepiente de al menos uno de sus tatuajes. Esta cifra ayuda a explicar el espacio que se ha abierto para este tipo de negocios en España, sexto país del mundo con mayor proporción de población tatuada, con un 42% de personas con al menos un tatuaje en la actualidad.
Pero eso no significa que el negocio esté avanzando al mismo ritmo. «La demanda de estos servicios está creciendo, pero no de una manera tan exponencial como puede parecer«, matiza Aarón Gil, cofundador de Blou. La cadena nació a finales de 2018 en la ciudad de Sevilla y cuenta ya con otros tres centros en Madrid, Barcelona y Málaga, desde que crease su primera franquicia en 2022.
Su trayectoria refleja las particularidades de un negocio en el que la expansión exige especialización. A diferencia de olas aceleradas como las del yogur helado o la depilación láser, la eliminación de tinta requiere otro ritmo, tal como advierte Gil: «Un tratamiento mal realizado puede provocar lesiones en la piel». Por eso, el cuello de botella de la franquicia no es tanto la máquina, sino la formación del profesional que la utiliza.
Esa especialización también se refleja en un modelo de franquicia todavía en construcción. Blou no trabaja por ahora con una inversión estándar, sino que estudia cada proyecto de forma individual en función de la ciudad, el local, la reforma y las posibilidades de financiación del franquiciado. «Hemos ido haciendo cada operación como un puzle», tal como reconoce Gil.
El perfil del cliente también dice mucho de este negocio. El más habitual tiene entre 30 y 45 años, es sobre todo mujer y llega al centro por motivos muy diversos: desde un tatuaje que ha dejado de gustarle hasta la necesidad de liberar espacio para un nuevo diseño. Las sesiones se mueven en el rango habitual del sector: desde unos 50 euros para los tatuajes pequeños hasta alrededor de 300 para los de mayor tamaño.
Aunque pueda parecer un negocio reciente, la eliminación de tatuajes lleva más de una década buscando su espacio en la franquicia. Entre las más veteranas está Tattoo Cleaners, que ya existía en 2012 y que ahora convive con propuestas como Belle&Go, cuya inversión parte de los 19.800 euros y ofrece acuerdos para facilitar la financiación de la maquinaria, una pieza central de un negocio muy ligado a la tecnología láser. Son fórmulas aún en construcción para un mercado pequeño y especializado que busca afianzarse dentro del mundo de la estética.
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