La red recupera actividad pero aún pierde 1,2 millones de viajeros respecto a 2025 por la crisis de confianza sufrida por la infraestructura desde el accidente de Adamuz en enero. Leer La red recupera actividad pero aún pierde 1,2 millones de viajeros respecto a 2025 por la crisis de confianza sufrida por la infraestructura desde el accidente de Adamuz en enero. Leer
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La red de alta velocidad española, la más amplia y con más operadores del mundo, sigue sufriendo las consecuencias del trágico accidente del pasado mes de enero en Adamuz y la posterior crisis desatada en torno al mantenimiento de la infraestructura.
En el segundo trimestre de 2026, los servicios de larga distancia en alta velocidad registraron 10,6 millones de pasajeros, un 33 % más que entre enero y marzo, pero un 10 % menos (1,2 millones menos) que entre abril y junio de 2025, según los datos de la Comisión Nacional de los mercados y la Competencia (CNMC), el organismo que supervisa la actividad en este transporte.
El descenso interanual se moderó respecto al 21 % registrado en el primer trimestre, cuando parte de la red estuvo cortada por los trabajos de reparación del tramo del siniestro, que se cobró 45 vidas entre los pasajeros del Iryo y el Alvia de Renfe involucrados. A esta incidencia se sumó la de la línea Madrid-Málaga/Granada, reabierta el 30 de abril en vía única , lo que llevó a perder un 30 % de las plazas ofertadas, y también de los viajeros (cerca de medio millón).
Por su parte, el corredor Madrid-Barcelona, el más transitado, más competido y más rentable ha estado afectado por limitaciones de velocidad para reparar vías que han alargado el tiempo programado de viaje, perdió un 13 % de los viajeros (más de medio millón) respecto al segundo trimestre de 2025.
El accidente de Adamuz -al que se sumó otro en en los mismos días que cobró la vida de un maquinista en Gelida (Barcelona)- y la falta de explicaciones convincentes por parte del gestor de infraestructuras Adif sobre motivos que no fueran la falta de mantenimiento como causa del accidente levantó entre los sindicatos de trabajadores y maquinistas una ola de indignación que llevó a pedir la dimisión del presidente de Adif y la convocatoria de una huelga general en el sector ferroviario.
El Ministerio de Transportes y Adif se han mantenido firmes desde entonces en que la rotura de un carril o de la soldadura de dos tramos con más de tres décadas de antigüedad no están relacionados con el accidente. Pero al mismo tiempo se han comprometido con los sindicatos a redoblar la inversión en mantenimiento de la red. De ahí las limitaciones de velocidad en la línea Madrid Barcelona que han roto la tendencia de crecimiento que venía experimentando este corredor hasta el accidente.
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