No es raro que los abogados sigan trabajando bien entrados los 80 años. Los bufetes están buscando fórmulas para conseguir que se retiren y dejen paso a la siguiente generación Leer No es raro que los abogados sigan trabajando bien entrados los 80 años. Los bufetes están buscando fórmulas para conseguir que se retiren y dejen paso a la siguiente generación Leer
Los bufetes de abogados más poderosos y elitistas, construidos sobre la idea de que un socio podía desarrollar en ellos toda su carrera profesional, se enfrentan a un problema incómodo: sus socios de mayor edad no se jubilan.
Por eso, los despachos están tratando de animarlos a dar el paso con incentivos nuevos y cada vez más imaginativos, que van desde recompensas económicas hasta programas para ayudarles a encontrar un nuevo propósito vital.
Aproximadamente un tercio de los abogados de Estados Unidos tiene 55 años o más, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). De ellos, un 14% supera los 65 años. Y no resulta extraño encontrar abogados que siguen trabajando bien entrados los 80 e incluso los 90.
Esto está creando un cuello de botella en algunos bufetes, que no solo frena los ascensos, sino que también impide que socios más jóvenes y ambiciosos accedan a los casos más importantes y a los trabajos más atractivos. Al mismo tiempo, agrava una guerra sin precedentes por fichar a los mejores profesionales entre los grandes bufetes, cuyos competidores ofrecen paquetes retributivos muy elevados, puestos de responsabilidad y, en ocasiones, llegan a contratar equipos enteros.
Cuando seis abogados sorprendieron recientemente al mundo jurídico al abandonar Wachtell para incorporarse a Gibson Dunn, uno de los motivos fue la sensación de que Wachtell no estaba dejando suficiente espacio para que emergieran nuevos líderes, según personas conocedoras de la situación. El bufete rechaza esta interpretación.
El problema de conseguir que los abogados de mayor edad se jubilen no es nuevo. Algunos despachos establecen edades obligatorias de jubilación, normalmente en torno a los 65 años, u ofrecen generosos planes de pensiones. Otros reducen la participación que los socios mantienen en el capital del bufete, disminuyendo así el porcentaje que reciben del reparto de beneficios.
Latham & Watkins, Morgan Lewis, Debevoise y otros grandes bufetes han llegado incluso a contratar consultores para ayudar a sus abogados a pensar qué quieren hacer en la siguiente etapa de sus vidas.
John Balsdon fue uno de los abogados que aprovechó el programa que ofrece Latham, recomendado —aunque no obligatorio— para quienes se acercan a la edad de jubilación.
Durante sus 25 años de carrera como abogado corporativo, Balsdon trabajaba habitualmente semanas de 80 horas, cerrando operaciones transfronterizas para grandes compañías energéticas internacionales y asesorando en transacciones multimillonarias. Al principio rechazaba la idea de jubilarse. «Trabajar está en el ADN de los abogados», afirma.
Pero entonces comenzó a reunirse con el equipo de Zelinka Parsons, una consultora dirigida por un matrimonio que ofrece asesoramiento individual y retiros en grupo en Tucson, Arizona, y que lleva más de una década trabajando con Latham. Le animaron a hacer un ejercicio de introspección. Le pidieron que pensara cuántos años de buena salud podía tener todavía por delante y qué quería hacer con ellos, planificando su vida en periodos de dos años. Al principio tuvo dificultades incluso para responder preguntas aparentemente sencillas como: «¿Cómo pasarías tu primer día de jubilación?».
Sin embargo, le apasionaban los viajes y la fotografía, y las preguntas de los consultores le ayudaron a darse cuenta de que podía convertir esa afición en una segunda carrera profesional. La firma le ayudó a planificar qué necesitaba para conseguirlo.
Se jubiló en diciembre de 2024, con 59 años, y ahora dirige un negocio de fotografía aérea desde helicópteros en lugares remotos de todo el mundo. Su trabajo se expuso recientemente en la catedral de San Pablo de Londres. A comienzos de este año batió un récord mundial al completar un viaje «de cabo a cabo», desde Nordkapp, en Noruega, hasta el cabo Agulhas, en Sudáfrica, en 28 días.
Otros abogados jubilados que han trabajado con consultores especializados en la transición hacia la jubilación han dado giros radicales a sus vidas: algunos se han convertido en guionistas o paramédicos voluntarios; otros han abierto bodegas o espacios para celebrar bodas. Uno empezó a asistir a cursos universitarios sobre cartografía medieval y arte japonés de comienzos del siglo XX.
Kirsten Vasquez, responsable de contratación lateral de Major, Lindsey & Africa, explica que los bufetes afrontan un equilibrio complicado: necesitan liberar trabajo para la siguiente generación sin correr el riesgo de perder a clientes que mantienen una estrecha relación con socios veteranos.
En algunos despachos, quienes más negocio generan son también los socios de mayor éxito y mantienen relaciones fundamentales con los clientes. «Los clientes no preguntan qué edad tiene mi abogado», señala Vasquez.
Pero si esos socios no comparten el negocio, los más jóvenes tampoco quedan bien posicionados para heredar las relaciones con los clientes de forma ordenada. Además, los bufetes quieren evitar situaciones en las que los socios de capital mantienen sus puestos mientras reducen progresivamente su actividad o asumen menos trabajo, algo que puede perjudicar económicamente a quienes están por debajo de ellos.
«Los riesgos son inevitables y los bufetes los planifican en lugar de exponerse a que les pillen por sorpresa», afirma Vasquez sobre las firmas que están dedicando recursos a gestionar estas transiciones hacia la jubilación. «Lo están haciendo de manera deliberada».
Lisa Smith, directora de Fairfax Associates, una consultora que asesora a bufetes sobre procesos de jubilación, lo resume así: «A veces la gente espera hasta que es demasiado tarde».
Jim Barker, responsable del comité de jubilación de Latham, que supervisa las prestaciones de los empleados y las transiciones de los socios, explica que el bufete invierte grandes cantidades tanto en formar a sus nuevas incorporaciones como en orientar a los socios que se encuentran cerca del final de sus carreras. El objetivo es mantener al despacho «culturalmente joven» como parte de su estrategia empresarial. Latham, que ya es uno de los mayores bufetes del mundo, ha crecido rápidamente durante los últimos años.
El despacho suele ofrecer distintos incentivos económicos a sus socios cuando cumplen 55 años para hacer más atractiva la jubilación, además del asesoramiento proporcionado por Zelinka Parsons.
«Queremos invertir tanto en el final de la carrera como invertimos al principio», afirma Barker.
Antes de que Elizabeth Zelinka Parsons, de 58 años, fundara su consultora en 2009 junto a su marido, David Parsons, ella misma había sido abogada corporativa. Trabajó durante una década en Milbank, en Washington D. C., y abandonó la profesión para ayudar a criar a sus hijos. «No estaba preparada para lo desorientador que acabaría siendo», recuerda. «Sentía que tenía un superpoder y no sabía dónde utilizarlo».
Zelinka Parsons cuenta actualmente con alrededor de una docena de grandes clientes y organiza 40 retiros al año.
Últimamente, la consultora está recibiendo llamadas de grandes bufetes como Mayer Brown, que estudian implantar este tipo de programas para dejar espacio a socios más jóvenes. «Hay una guerra por el talento. Es más fácil que otros bufetes se los lleven si allí pueden dirigir una práctica», explica Parsons. «La tendencia es inconfundible».
Cuando los abogados empiezan a hablar sobre su futuro, señala Parsons, suelen inclinarse inicialmente por actividades similares a las que siempre han realizado, como ocupar un puesto en un consejo de administración o incorporarse al departamento jurídico de una empresa.
Sven Völcker, durante años uno de los principales abogados litigantes de WilmerHale y posteriormente de Latham, se jubiló el año pasado a los 59 años. Al principio pensó que quizá podría montar un negocio de arbitraje.
Pero después de recibir asesoramiento para preparar su jubilación, hizo un curso en la New York Film Academy y desde entonces ha escrito un guion cinematográfico: una comedia romántica ambientada en el punto de encuentro entre la escena underground de DJ y el mundo jurídico.
David Shapiro se jubiló de Latham a los 55 años después de tres décadas trabajando en operaciones inmobiliarias, financiación y fusiones y adquisiciones de gran relevancia. Cuando Parsons le preguntó qué haría si tuviera garantizado el éxito, confesó que su sueño era convertirse en productor de Broadway.
El nuevo sueño comenzó poco a poco. Primero, Shapiro empezó a establecer contactos en el mundo teatral de Chicago y a invertir en producciones pequeñas. En pocos años llegó a ser coproductor de Hadestown en Broadway, musical que ganó un premio Tony. Ese éxito le permitió poner en marcha una productora que actualmente trabaja en la reposición de The Rocky Horror Show.
Shapiro cuenta que la gente todavía le hace esa incómoda pregunta: ¿qué haces durante todo el día estando jubilado? Él suele responder que, después de pasar años contabilizando su tiempo en intervalos de seis minutos, está encantado de no tener que cuantificar ya cómo emplea cada momento de su vida.
Artículo con licencia de The Wall Street traducido del inglés por M. Iriarte
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