El presidente y la primera dama de Estados Unidos, Donald y Melania Trump, se desplazaron anoche a la base aérea conjunta Andrews, en Maryland, para recibir en persona al líder chino Xi Jinping y a su esposa Peng Liyuan, un gesto poco habitual en el protocolo diplomático norteamericano. Para su primera visita de Estado al país en once años, el mandatario desplegó una alfombra roja y se acercó hasta los pies del avión de su homólogo, a quien dio la mano sonriente, en una escena que recordó al recibimiento al ruso Vladimir Putin el año pasado en Anchorage (Alaska).
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anuncia que EE.UU. y China prorrogan la tregua comercial otros dos meses, hasta el próximo enero
El presidente y la primera dama de Estados Unidos, Donald y Melania Trump, se desplazaron anoche a la base aérea conjunta Andrews, en Maryland, para recibir en persona al líder chino Xi Jinping y a su esposa Peng Liyuan, un gesto poco habitual en el protocolo diplomático norteamericano. Para su primera visita de Estado al país en once años, el mandatario desplegó una alfombra roja y se acercó hasta los pies del avión de su homólogo, a quien dio la mano sonriente, en una escena que recordó al recibimiento al ruso Vladimir Putin el año pasado en Anchorage (Alaska).
Juntos, caminaron la alfombra rodeados de una guarda de honor, con soldados estadounidenses armados con rifles. Secundados por el himno nacional, se pararon a saludar a los periodistas presentes –ninguno de la CNN, MS NOW o Politico, vetados por Trump– mientras un jet de la Fuerza Aérea los sobrevolaba, causando un estruendo que pareció asustarlos a ambos. Después, se despidieron y cada uno subió a un coche blindado distinto, dando por cerrada la ceremonia inaugural de una histórica visita de tres días.
Ambos líderes se reúnen hoy en la Casa Blanca y se prevé que aborden la relación comercial y la gobernanza de la IA
En su reunión de más alto nivel en la Casa Blanca desde que comenzó el mandato, Trump volverá a recibir a Xi este jueves con otra ceremonia, cinco meses después de que el dictador chino desplegara su pompa para el viaje del estadounidense a Pekín. En la residencia presidencial, se espera una ceremonia de bienvenida a la altura de las grandes visitas de Estado, con más sobrevuelos de aviones militares y la participación de unos 500 miembros de las fuerzas armadas.
En el despacho oval, están emplazados a hablar de asuntos primordiales como la gobernanza de la inteligencia artificial, la relación comercial entre las dos superpotencias, las guerras activas en Irán y Ucrania o el tráfico de fentanilo. Sin embargo, en el destacado menú faltarán dos platos que están en el centro de la relación entre Washington y Pekín, y a los que el embajador chino en EE.UU. ha definido, en un artículo publicado en el diario oficial del Partido Comunista, como dos de sus “líneas rojas”: Taiwán y los derechos humanos.
Ambos países buscarán en la cita mantener al margen sus fricciones y exhibir su actual détente, tanto comercial como geopolítica, por lo que no se esperan en los próximos dos días enfrentamientos públicos ni grandes anuncios, según han avanzado ambos gobiernos.
Por la noche, Trump deleitará a la delegación china con una cena de Estado, para la que figuran como invitados los principales magnates de empresas tecnológicas estadounidenses: Jensen Huang (Nvidia), Sam Altman (OpenAI), Jeff Bezos (Amazon), Elon Musk (Tesla y SpaceX), Sundar Pichai (Alphabet), Tim Cook (Apple), Satya Nadella (Microsoft) o Michael Dell (Dell Technologies), entre otros. Del lado chino, no hay todavía una confirmación de que vayan a acudir altos ejecutivos, que sí estuvieron presentes en la cena de Estado celebrada en Pekín el 14 de mayo.
Ese día, Xi advirtió a Trump de la necesidad de evitar la “trampa de Tucídides”, según la cual una potencia hegemónica tiende al conflicto cuando se siente amenazada por otra emergente. Durante el encuentro que mantendrán hoy, ninguna de las dos partes espera cerrar ningún acuerdo, sino exhibir sintonía entre los líderes de las dos potencias.
“Se trata de mantener las tensiones dentro de límites manejables”, avanzó un funcionario de la Casa Blanca al medio Politico. Especialmente, en un momento de gran debilidad política para Trump, a un mes y medio de las elecciones legislativas de mitad de mandato, y con la peor cifra de aprobación de su carrera.
“Estas líneas rojas no pueden ser desafiadas: Taiwán, la democracia y los derechos humanos, las vías y los derechos al desarrollo”
Aun así, hay una cuestión cada vez más acuciante: está a punto de expirar el acuerdo comercial alcanzado el pasado octubre por el cual ambos países firmaron una tregua de un año, que frenó la escalada arancelaria de Trump. Aquel pacto llevó a Pekín a levantar sus restricciones a las exportaciones de tierras raras hacia EE.UU., pero en la práctica estas han seguido en descenso en el último año.
No parece, por ahora, que en esta visita se logre un nuevo acuerdo para prorrogar esa tregua. En vez de acercarse en el terreno comercial, en el último mes EE.UU. ha lanzado una nueva ofensiva con la que pretende imponer sanciones secundarias a los países que mantengan vínculos con Irán, y China es el principal importador de su petróleo.
Otro punto de tensión es Taiwán, isla autogobernada que Pekín considera de su soberanía y pretende “unificar” en los próximos años. A diferencia de sus predecesores, Trump ha sido más dócil con esta cuestión al no comprometerse a defenderla en caso de ataque, quizás porque con sus acciones y declaraciones expansionistas (en Latinoamérica, Groenlandia o Canadá) ha legitimado la misma actitud por parte de China.
El embajador chino en EE.UU., Xie Feng, dejó claro este miércoles, en un artículo publicado en el People’s Daily, el diario oficial del Partido Comunista Chino, que Xi no aceptará una actitud hostil con el asunto de Taiwán. “La soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo de China no pueden ser vulnerados, y cuatro líneas rojas —la cuestión de Taiwán, la democracia y los derechos humanos, las vías y sistemas de desarrollo, y los derechos al desarrollo— no pueden ser desafiadas”, sentencia en su artículo, en el que aboga por la cooperación entra ambas potencias.
Hasta el momento, Trump ha contentado a su enemigo geopolítico, pues la venta de armas a Taiwán, valorada en 14.000 millones de dólares, sigue en suspenso desde que la aplazó por primera vez en mayo.
Ha pasado más de una década desde la última vez que Xi realizó una visita de Estado a la Casa Blanca, durante el mandato de Barack Obama en el 2015, aunque sí ha viajado al país en otras tres ocasiones, la última en el 2023, cuando se reunió con Joe Biden en San Francisco durante el foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).
En este tiempo, el mundo se ha transformado en múltiples ámbitos, pero ninguno promete tantos riesgos y beneficios como el desarrollo de la inteligencia artificial. EE.UU. y China están inmersos en una carrera armamentística a la que los principales actores del sector coinciden en que debería ponérsele un freno. Pero, cuando el CEO de Anthropic, una de las compañías punteras en IA, reconoció el riesgo de que la tecnología llegue a extinguir a la humanidad, Trump afirmó que ese alarmismo es una “estafa, como el cambio climático”, y dijo que todo lo que necesita la tecnología es un presidente “inteligente”.
Tampoco Xi parece dispuesto a poner un freno a la IA, terreno en el que las empresas chinas están cerrando la brecha con EE.UU., aunque sigue lejos. Sin embargo, de cara al futuro, Pekín tiene una ventaja competitiva importante: domina partes críticas de la cadena de suministros de la industria de los microchips, incluidas las tierras raras, que esenciales para el futuro de la robótica y la industria tecnológica en general.
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