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La inteligencia artificial todavía no está destruyendo empleo en España. Así lo constata el observatorio trimestral del mercado de trabajo que elaboran conjuntamente la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) y BBVA Research y que en esta ocasión incorpora, por primera vez, un análisis sobre el impacto de la IA generativa en el empleo. En pleno debate sobre la afectación de esta tecnología en todos los ámbitos sociales y económicos a nivel mundial, el estudio analiza la exposición de los trabajadores en nuestro país y concluye que, por el momento, «no se observa una relación negativa entre exposición potencial a la IA y creación de empleo». Eso sí, pone en la diana a los jóvenes de entre 25 y 34 años, según sus investigaciones, los más expuestos a la IA generativa en sus puestos de trabajo.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que uno de cada cuatro trabajadores en el mundo se encuentra en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, proporción que alcanza el 34% en los países de renta alta. No obstante, Fedea y BBVA recuerdan que la propia OIT subraya que la exposición no equivale a automatización o pérdida de empleo: «Dado que muchas tareas continúan requiriendo intervención humana, la transformación de los puestos de trabajo es más probable que su sustitución», afirman en el observatorio.
Durante la presentación del estudio este jueves, el responsable de Análisis económico de BBVA Research, Rafael Domenech, ha explicado que el término «exposición» tiende a generar un prejuicio negativo pero, en este contexto, «el efecto puede ser claramente positivo». Para apoyar su argumento ha puesto un ejemplo: «La IA puede liberar tiempo para otras tareas y, en ese caso, cuanta más exposición, mejor, para poder ser más productivos». «Tener una menor exposición no necesariamente nos protege de los efectos de la IA», ha incidido durante su intervención.
Según el estudio, en términos generales, la exposición potencial a la IA generativa presenta «importantes diferencias» entre ocupaciones y grupos de trabajadores, siendo las ocupaciones administrativas, financieras, informáticas y profesionales algunas de las más expuestas. Mientras, las de carácter manual (especialmente, las relacionadas con la construcción y el sector primario) presentan niveles de exposición «considerablemente menores».
El estudio identifica algunos patrones. Por ejemplo, que más del 40% de las personas empleadas con estudios superiores trabaja en ocupaciones de alta exposición, frente a alrededor del 15% de quienes tienen ESO o menos. Casi la mitad de estos últimos se concentra en ocupaciones de baja exposición, frente a menos del 10% entre la población trabajadora con estudios superiores. «La exposición a la IA está, por tanto, estrechamente vinculada con la cualificación y el tipo de tareas desempeñadas», afirman los autores.
Por edad, las diferencias son «menos lineales», según el estudio, que arroja que la población ocupada de 25 a 34 años presenta la mayor exposición media y la mayor concentración del empleo en ocupaciones de alta exposición, mientras que los menores de 25 años son los menos expuestos. Asimismo, a partir de los 35 años, la exposición media disminuye moderadamente con la edad.
Por actividades económicas, las TIC, las actividades financieras y de seguros y las actividades inmobiliarias presentan los niveles más elevados, mientras que la agricultura, la hostelería y las actividades de los hogares se sitúan en el extremo opuesto. Y en cuanto a las diferencias territoriales, son más moderadas, aunque Madrid destaca tanto por su exposición media como por la elevada presencia de ocupados en el grupo de mayor exposición, seguida de Cataluña, mientras que Extremadura y Murcia presentan los niveles más bajos.
Por último, los autores aprecian «diferencias relevantes por nacionalidad»: la población ocupada de nacionalidad extranjera se concentra en mayor medida en ocupaciones de baja exposición (más del 40%) y tiene una presencia sensiblemente menor en las de alta exposición que la de nacionalidad española. «Estas divergencias reflejan fundamentalmente la distinta composición ocupacional de cada colectivo, actividad o territorio y no una exposición específica atribuible directamente a esas características», aclara el informe.
Con todo, Fedea y BBVA concluyen que, por ahora, «no se observa una relación negativa entre exposición potencial a la IA y creación de empleo». Un enfoque que huye del pesimismo actual sobre el impacto de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo. Según sus datos, desde 2022 el empleo ha aumentado en todos los grupos de exposición y, de hecho, las ocupaciones de alta exposición han crecido por encima del empleo total.
Asimismo, los autores tampoco observan, por el momento, que una mayor exposición esté asociada con peores condiciones laborales. «Las ocupaciones más expuestas presentan, en general, menores tasas de subempleo por insuficiencia de horas y de temporalidad«, aseguran. Si bien matizan que «estas asociaciones deben interpretarse con cautela», ya que «pueden reflejar las características de las propias ocupaciones, el nivel educativo y otras diferencias de composición, y no un efecto favorable de la IA».
Los expertos hacen un recorrido por la evidencia internacional disponible y, aunque constatan que todavía es muy reciente y no ofrece un diagnóstico uniforme, sí observan que los primeros efectos de la IA podrían manifestarse en las oportunidades de entrada al mercado de trabajo, especialmente para los jóvenes, antes que en una reducción generalizada del nivel de empleo. En contraste, la experiencia en nuestro país ofrece resultados diferentes. «En un mercado de trabajo en expansión, no observamos todavía un peor comportamiento agregado del empleo en las ocupaciones más expuestas a la IA ni un desplazamiento evidente de los nuevos entrantes hacia ocupaciones menos expuestas», concluyen.
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